Cobarde y mentiroso

foto:  "cosechando realidades" (facebook)

La exitosa huelga magisterial frente al proyecto educativo de la República Empresarial

Desde Emancipación nos pronunciamos

Publicado: 2017-09-05

La huelga magisterial que acaba de culminar ha sido, sin duda alguna, el episodio de lucha social más importante de los últimos años. Nuestros docentes, mostrando especial valentía y compromiso, no solo han logrado dar pasos importantes en la dignificación de su labor y en la democratización de su organización sindical, superando a su representación nacional , sino que han puesto en el centro de la agenda pública la situación de la educación peruana.  

Nos han permitido ver con claridad, asimismo, cómo se maneja el poder en el Perú. En estos meses, han mostrado su rostro quienes están del lado del pueblo trabajador y de los maestros y quienes son sus enemigos; quienes han tenido la capacidad de escuchar el clamor masivo del magisterio y quienes han sabido solo despreciarlo, amparados en sus privilegios. Ha quedado demostrado, del mismo modo, que solo organizados y conscientes podremos avanzar en el respeto de nuestros derechos.

Es preciso detenernos a analizar qué nos deja esta exitosa huelga, qué nos dice sobre el país y qué rutas nos abre para seguir caminando hacia una sociedad verdaderamente democrática, con una educación de calidad.

1. Primero están los beneficios del gran empresariado y en último lugar está la educación

Al inicio de la huelga magisterial, el gobierno argumentó que era imposible subir el sueldo a los docentes para este año. Se afirmaba que no existían recursos suficientes. Aquello, por supuesto, demostró ser mentira. Se logró, por presión decidida de nuestros maestros, un piso salarial mínimo de 2,000 soles, a aplicarse desde el mes de noviembre.

Pero aquella respuesta negativa inicial no ha sido la que han recibido otros sectores, como la gran empresa. En lo que va del gobierno, el Estado ha implementado medidas para beneficiar al sector privado. Ha mantenido una felicitada reducción del impuesto a la renta, ha preparado un paquete de reformas laborales que recortan derechos de los trabajadores y hasta ha rebajado ampliamente las multas por explotación laboral. Con apoyo de la bancada fujimorista en el Congreso, ha logrado, del mismo modo, que se aprueben exoneraciones tributarias equivalentes a 15 mil millones de soles: cinco veces más de lo necesario para cubrir el aumento magisterial.

En una década, el Estado peruano ha dejado de recaudar más de 93 mil millones de soles por exoneraciones al gran capital. ¿Cuánto podríamos haber avanzado si ese dinero se invertía en educación? Para quienes gobiernan, no importa estar en déficit fiscal mientras se satisfaga el interés del capital privado.

No todos valemos igual en este nuestro país capturado por el capital, en esta República Empresarial. Mientras que la gobierno sí dialoga recurrentemente con la CONFIEP y hasta le rinde cuentas en los CADE, los docentes —como los médicos, enfermeras y cualquier trabajador— deben hacer una huelga de meses, dormir en plazas de la capital y hacer protestas diarias para lograr que el gobierno acepte escucharlos.

2. Desprecio y represión contra cualquiera que tenga una voz disidente

En estos meses, lo último que ha primado en el gobierno, en los medios de comunicación corporativos y en los sectores dominantes ha sido el respeto. La ministra de Educación, Marilú Martens, y el ministro del Interior, Carlos Basombrío, intentaron deslegitimar la huelga desde el inicio. Primó el ninguneo.

No solo hubo una persistente negativa a abrir mesas de diálogo con los SUTE regionales, sino también un desgano por el diálogo cuando éste ya había sido acordado. La ministra Martens, aun con los dirigentes del Comité nacional de lucha dentro de la sede del Ministerio de Educación y tras una larga espera, no se dignó a hablar con ellos cara a cara, afrontando la situación, cuando la representatividad de los dirigentes había ya quedado probada. Con lista en mano, incluso, se hizo un filtro para ver quiénes eran "violentos" y no merecían participar.

El Ministerio del Interior, por su parte, se concentró en acusar a diestra y siniestra de terroristas a distintos docentes, sin pruebas relevantes, y reaccionó de forma represiva en todo el país. Son conocidos los casos de la profesora Patricia Araujo, quien corre el riesgo de no poder caminar, tras ser golpeada por un policía hasta quedar inconsciente, y el de Ángel Retuerto, cuya muerte se denuncia que fue producto también de la represión policial. Nuestras condolencias y nuestra solidaridad con sus deudos.

En paralelo, los medios de comunicación corporativos, con especial protagonismo del Grupo El Comercio, mantuvieron una continua campaña de desinformación, desprestigio y desprecio contra el magisterio. Hicieron eco del gobierno y hasta lo presionaron colocando al MOVADEF y a Sendero Luminoso como impulsores de un movimiento sindical que despertó luego de décadas de olvido. Es su modus operandi. Cualquiera que cuestione el status quo es automáticamente terrorista, enemigo de la inversión, enemigo del país.

Como si eso no fuera poco, la propia dirigencia nacional del SUTEP no quiso escuchar el clamor de los docentes de las distintas regiones del país. Cobardemente, se sumó al coro de criminalización contra sus propias bases e incluso se sentó junto al gobierno cuando había rechazado esta huelga.

Al respecto de esa acusación, hay que señalar que aun si entre algunos dirigentes hubiera personas vinculadas a estas organizaciones, aquello no explica, en absoluto, las jornadas masivas de movilización que hemos tenido. El magisterio ha despertado y sabrá bien qué ideologías y organizaciones le permiten avanzar y cuáles, como el senderismo, le llevarán hacia el abismo. Ya lo han expresado y reiterado.

3. El problema no son los docentes, sino el modelo económico y el modelo educativo

Ante el fallido intento de deslegitimar la huelga, la última estrategia del gobierno y de los medios de comunicación corporativos fue colocar a los docentes como reacios a las evaluaciones, a pesar de su reiterada y expresa disposición.

El rechazo de los maestros al carácter punitivo (tras tres evaluaciones desaprobadas, sigue el despido), ha sido contestado con la apelación al concepto de meritocracia. Incluso, desde algunos medios, se los llamó “incompetentes” y “brutos”.

Esa acusación solo buscaba deslegitimarlos. Pretende posicionar la idea de que el problema educativo se debe, primordialmente, a la poca calidad del trabajo docente, por lo que es a ellos a quienes se debe culpar principalmente. Se pone en los hombros del magisterio la responsabilidad de un atraso estructural e histórico que abarca a todo el sistema educativo, desde la Educación Básica Regular hasta la Educación Superior.

Las razones de ese atraso reposan en la apuesta neoliberal por un Estado que prioriza el sector privado, mantiene una base tributaria estrecha y destina pocos recursos a garantizar servicios públicos. En el caso educativo, tiene estancados los sueldos, deja sin recursos a las Universidades e Institutos Pedagógicos y abandona a su suerte, con ingresos de hambre y condiciones indignas de trabajo, a los miles de docentes del país en todos los niveles y modalidades del sistema.

Se ha normalizado la imagen del docente público héroe que camina varias horas para llegar a su escuela, hace clases en una infraestructura con riesgo de colapsar, duerme en un salón y recibe 1,200 soles mensuales como sueldo base. Se lo felicita cada año en el día del maestro, pero si ese docente reclama, se le pedirá que demuestre que merece condiciones dignas. Pero debería ser al revés. Es el gobierno el que debe demostrar que puede sacar adelante la educación. Es el gobierno el que debe saldar la deuda histórica con el magisterio. Es el gobierno el que, si le interesa la educación de los niños, niñas y adolescentes, debe preocuparse por contar con maestros en las mejores condiciones.

Se dice, asimismo, que las evaluaciones irán acompañadas de capacitaciones, que para avanzar en la reforma educativa los profesores deben hacer un esfuerzo adicional y tener apertura al cambio. Pero cualquier docente puede dar fe de que las capacitaciones no son ninguna garantía. ¿Quién certifica su calidad? Las experiencias recientes nos muestran capacitaciones mal preparadas, con facilitadores -muchas veces- poco calificados y con reuniones que exigen al docente bastante tiempo en desplazamientos -especialmente en zonas rurales- y tiempo extra, tiempo que, generalmente, destinan a otros trabajos para suplir su mísero sueldo.

Tenemos un modelo educativo basado en el permanente hostigamiento al docente, en un preocupante centralismo y en una apuesta por la estandarización y la segregación, política impuesta por organismos multilaterales como el Banco Mundial. La tan felicitada política educativa del ex ministro Saavedra no es otra cosa que eso, y es la misma que tenemos hoy.

Nuestros maestros reciben, permanentemente, excesivas visitas de monitoreo, tanto desde distintas direcciones del MINEDU como desde las UGEL. Deben adecuarse a constantes cambios curriculares y de materiales, sin la inducción necesaria. Se encuentran presionados a lograr resultados en evaluaciones estandarizadas a sus estudiantes, que generan incentivos para el adiestramiento y condicionan recursos adicionales para sus escuelas. En ellos recaen las contradicciones internas de la propia gestión central, manejada por tecnócratas que tienden no solo a ignorar la voz de los docentes, sino a despreciar velada o abiertamente su labor.

Del mismo modo, mientras se invierte en un puñado de Colegios de Alto Rendimiento a los que accede un porcentaje ínfimo de los estudiantes, se mantienen abandonadas las escuelas unidocente y multigrado, que predominan en el área rural, y se segrega al estudiantado nacional. Hoy por hoy, niños que recién culminan la primaria deben dar exámenes de admisión para acceder a una educación de calidad que debería ser su derecho.  

Los países más avanzados en educación, como Finlandia, lo primero que hicieron fue abandonar la estandarización y la segregación. En el Perú, éstas se nos presentan como la gran salida a nuestro atraso educativo. El resultado es el estrés permanente de estudiantes y docentes, una creciente desigualdad, que solo beneficia al sector privado,  y un permanente desfase entre política educativa y realidad, dada la heterogeneidad de nuestro país. Apostar ciegamente por la estandarización en un país con regiones, culturas y lenguas diversas es seguir la lógica colonizante que ha hecho de la educación pública, durante todo el siglo XX, un sistema que busca acercar a todos los estudiantes a un molde urbano, capitalino, hispano, sumiso y al servicio del gran capital.

4. Una huelga exitosa, un magisterio de pie, un gobierno que se quita la careta

La huelga se ha levantado en la mayoría de regiones. El Ministerio de Educación se ha pronunciado y ha colocado el hecho como obra suya. Pero nada más falso que eso. El gobierno sale derrotado. La popularidad del Presidente está en el piso. Sus ministros han hecho gala de una gran incapacidad.

El hecho político más importante de este proceso es la presión masiva, desde las propias bases, por la democratización de la organización magisterial, luego de casi dos décadas de estancamiento. Este es un hecho histórico que no vemos desde la década de los años noventa.

El magisterio nos ha mostrado que, con compromiso y organización, se puede avanzar. Esta huelga ha sido un triunfo. Ha expresado a un país que comienza a despertar. El modelo económico se agota y muestra su verdadera esencia: favorecer siempre, en primer lugar y a toda costa, los intereses de unos cuantos, de quienes ya amasan millonarias fortunas, que se han acostumbrado a saquear nuestro país y explotar a nuestra gente y que necesitan una educación que sea funcional a sus intereses.

El gobierno y la mayoría congresal demuestran también de qué lado están. Ni gobierno de lujo ni oposición. Las peleas entre la bancada fujimorista y el oficialismo no ponen en juego la orientación política que el país ha seguido en las últimas tres décadas: sus peleas son solo por demostrar quién está en el sillón. Ello ha quedado demostrado en estos meses.

El cambio que necesitamos vendrá de nuestra organización y de nuestra conciencia política, de nuestra capacidad de ponernos de pie, de articular nuestras luchas y de trazar un rumbo distinto para nuestro país. No nos dejemos engañar. La oposición está en las calles. Es desde abajo que construiremos el Perú libre, digno y justo que nos merecemos.

Gracias, maestros. Su lucha no ha sido en vano, es un punto de partida. Sigamos avanzando. 


Escrito por

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