tomado de diario el comercio

El pacto por la impunidad ha quedado en evidencia. Que se vayan todos

Publicado: 2017-12-25

El indulto al ex dictador Alberto Fujimori, probado responsable de la corrupción sistemática del Estado y de asesinatos y torturas perpetradas por el Grupo Colina, no solo atenta contra la memoria de las víctimas de su gobierno y contra la dignidad del Perú, sino que pone en evidencia lo que desde varios sectores ya veníamos denunciando: el oficialismo de Kuczynski y la oposición fujimorista tienen diferencias apenas superficiales, frente a sus grandes coincidencias. Responden a la misma mafia político-empresarial que se enquistó en el Estado desde 1990. 

Lo decimos con la contundencia de los hechos. Hay que ser ciego o padecer de un irresponsable cinismo, para no ver que el indulto fue negociado por Kuczynski con Kenji Fujimori mientras se ponía en cuestión la vacancia presidencial. Mientras Borea nos distraía con su discurso plagado de falacias, en defensa de PPK, un operador probado de Odebrecht, el gobierno dio la primera señal: el informe de la Junta Médica recomendaba el indulto. Ahora, aprovechando las fiestas de fin de año, cumplen su palabra. El genocida está libre y los mismos de siempre se vuelven a burlar del Perú.

Es necesario decirlo con toda claridad. Hay que repetirlo, así los defensores de esta falsa institucionalidad y esta falsa democracia, que se hacen llamar de izquierda y que se prestaron a este arreglo infame, se irriten desde sus cómodos sillones, desde sus privilegios ya conocidos. La diferenciación entre una derecha “decente y liberal” y un fujimorismo “autoritario y corrupto” es falsa. Es falsa y es funcional a la continuidad de este manejo político corrupto del país, donde un puñado de mafias y grandes empresas se llevan en peso el Perú.

Es hora de superar la división entre fujimorismo y anti-fujimorismo. El fujimorismo ha sido y es un enemigo del pueblo, pero lo es porque obedece a los intereses de la oligarquía empresarial, autoritaria y corrupta que se ha apropiado del país y que impuso, mediante la dictadura fujimorista, el modelo neoliberal, aquel que explica por qué los trabajadores peruanos, aun con el reciente crecimiento económico y trabajando doce o catorce horas diarias, seguimos con sueldos miserables, sin salud de calidad y con casi inexistentes derechos laborales.

Tras Fujimori, Toledo, Alan García, Humala y Kuckzynski han continuado y ahondado ese manejo del poder, ese secuestro de la democracia. ¿Hasta cuándo seguiremos avalando esos pactos de impunidad y de saqueo del país? ¿Cuánto tiempo más el Perú debe soportarlo? Basta ya de jugar al mal menor. La posición que nos toca asumir no está al lado de los defensores de un gobierno corrupto, antidemocrático y negador de los derechos humanos. Basta de lavarles la cara, apelando a la “institucionalidad”. La dictadura no cayó en el 2000. Cayó el dictador, pero la democracia se mantuvo secuestrada por ese puñado de millonarios y corruptos que se enriquecen parasitariamente a costa de todos los peruanos.

Nuestro lado, en este momento clave, es con el pueblo, en las calles, luchando por liberar a nuestro país de ese cáncer del neoliberalismo. Con más convicción que nunca, la consigna hoy es: ¡que se vayan todos! ¡Proceso popular constituyente, hacia una nueva Constitución política! Solo desde abajo, con valentía, organizados, podremos lograrlo.

 ¡El indulto al corrupto y asesino, Alberto Fujimori, no es reconciliación, es impunidad!

¡Basta ya de arreglos entre corruptos para seguir robándonos el futuro!

¡La democracia peruana debemos terminar de conquistarla!

¡Que se vayan todos! ¡Hacia un proceso popular constituyente!


Emancipación. Lima, 25 de diciembre del 2017. 


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